Sueño cumplido: mi familia en Nueva York

El 2017 fue un año especial sobre todo porque lo cerré con broche de oro. Tener por primera vez a mi padre, Benigno Escallón, y a mi hermana, Marcela, visitando mi hogar luego de 10 años de haber llegado a los Estados Unidos, fue un sueño cumplido. Y es que Dios sabe cómo hace las cosas y cuándo es el momento perfecto para que esos sueños se cumplan.

Por un lado, mi papá es una de las principales razones por las que me enamoré de la Gran Manzana, mucho antes de que la conociera. Mi negro, vivió hace más de 40 años en esta ciudad, la disfrutó cada día, en una época donde la salsa estaba en su esplendor. Recorrió cada una de sus calles, asistió a diferentes musicales de Broadway, y de alguna manera se dio su buena vida. Siempre nos hablaba de Nueva York, desde que éramos pequeñas. Y poder traerlo luego de tantos años fue más que emocionante. Caminamos cada uno de los lugares que concurrió en esa época, me relato sus historias, me contó como solía ser la ciudad en esos años, y cómo a pesar del tiempo no pierde su encanto.

Ver a mi papá parar en cada esquina para admirar los edificios, llorar luego de ver algunos de los musicales que asistimos, ir al consulado y ser recibido con mucho cariño, ya que él vivió en la ciudad mientras trabajaba como consul de Colombia, y quedarse sentado en un café solo para ver la gente caminar, fue una de las enseñanzas más lindas durante su estadía. ¿Por qué? simplemente me recordó la importancia de vivir el momento mientras dejamos huellas.

Mi hermana, por su lado, venía por primera vez a los Estados Unidos, y que experiencia más linda que conocer este país de sueños a través de la capital del  mundo, del arte. Desde que fui a mi primer espectáculo de Broadway quería que viniera. Cada vez que veía un show pensaba en ella, en su amor por el teatro y soñaba en verla algún día en esas tablas. Sabía que ir a cada uno de los musicales la iban a llenar de alegría, y no me equivoque. Disfruto cada uno de ellos (Aladdin, Chicago, El Rey León, el show de Navidad). Todos los días lloraba de emoción, al ver el arte que amaba y la magia de las luces de navidad neoyorquinas. Cuando vio por primera vez la nieve sus ojos brillaron, así como los de una niña pequeña. No puedo explicar lo emocionante que fue para mi corazón verla tan contenta. ¿Qué aprendí de ella? Simplemente me recordó a ver cada experiencia de nuestras vidas con gratitud, desde el corazón.

Y es que Nueva York es eso, es la ciudad que crea momentos únicos, que sorprende, enamora, une. Es la ciudad del arte, teatro, la música. Nos la gozamos sin afán, a nuestro ritmo,  al ritmo de mi padre, de mi hermana. El frío los enfermo, los enamoró, los reinventó.

Vivimos la navidad mágica de la capital del mundo: patinamos en hielo, vimos vitrinas, luces, las famosas Rockets. Jugamos con la nieve, fuimos a ver varios musicales, a comer nuevos platillos. Mi padre disfrutando de sus comidas favoritas, mi hermana feliz con el arte y la moda.

Viví con ellos momentos que no había hecho en el pasado, desde subir el One World Observatory y ver el musical Aladdin. 

Una navidad y comienzo del 2018 llenó de energía. Gracias Dios, gracias vida, y gracias Nueva York.

 

 

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