Adiós al 2020, un año que marcó nuestras vidas

Estamos a solo tres días de terminar este 2020, un 2020 que quedará marcado en los libros de historia, un 2020 que transformó al mundo de maneras inimaginables, como de película, un 2020 que nos recordó que la salud es lo más importante, que un abrazo y un beso siempre harán falta, y que tenemos la capacidad de salir adelante en medio de las dificultades más grandes.

El COVID-19, el enemigo invisible como muchos lo llaman, llegó a nuestras vidas para reinventar nuestros comportamientos, para despertar nuestros miedos, nuestra compasión, nuestras prioridades y el amor a lo que realmente vale la pena. Un enemigo que le arrebató la vida a miles de personas, que cambió relaciones, que nos hizo re-encontrarnos a nosotros mismos en medio del encierro en cuatro paredes, que dejó a miles sin trabajo y tal vez con miedo de volver a empezar. Sin embargo, el COVID-19, también nos vino a enseñar mucho, nos vino a enseñar lo que realmente es importante en la vida, la salud, la familia, nuestros seres queridos, el prójimo. Vino para que nuestra madre tierra respirara de tanta contaminación, para que apreciemos más los momentos en la naturaleza, con nosotros mismos y a enfrentar nuestros miedos para crecer.

Aunque todos hacemos parte de este momento histórico, el 2020 tuvo un proceso diferente en cada persona, tanto físico, espiritual y mental. Yo puedo decir que gracias a este año valoro más la vida, valoro más a mis seres queridos, a las personas que amo, a la naturaleza bella que Dios nos dio.

Valoro más las simplicidades de la vida como caminar por horas a mis lugares favoritos, (ya que estuve por semanas sin hacerlo), valoro más respirar el aire fresco, el canto de los pájaros, mi hogar que se convirtió en mi templo y  también en mi lugar de trabajo. Valoro el estar viva, el poder brindar una mano de ayuda a los que lo necesitan. Valoro a cada una de las personas que vi dar granitos (gigantes) de arena para ayudar a todos los que estaban pasando por momentos difíciles, porque en medio del dolor se vio el resplandor de aquellos que querían ayudar sin pedir nada a cambio. Valoro las cosas que amo y que no he podido hacer, como un concierto, una clase de baile en persona, verme más seguido con los que amo.

Aprendí que todos tenemos nuestros propios miedos, luchas y que no hay que juzgar el proceso de cada persona, porque el COVID-19 fue un proceso personal, pero al mismo tiempo en comunidad, porque aprendimos que un comportamiento es un efecto dominó que afecta el mundo entero.

Aprendí a verme al espejo sin maquillaje, y amar esa naturalidad de mi rostro, aprendí cosas nuevas, desde la magia detrás de un aceite natural y del poder de los alimentos, hasta escuchar cursos que me ayudaron en muchos aspectos de mi vida.

Aprendí que se pueden transformar espacios, mi casa fue mi estudio de danza también, donde sentí la energía de cada una de mis compañeras a través de una pantalla.

También valoro que este 2020 me acercó más a muchos que no veía casi, todo gracias a un Zoom o a una llamada. Valoro el amor del mundo, la creatividad en medio de la incertidumbre. Fuimos eso, somos eso, creativos.

Y es que fue un año en el que nos inventamos nuevas maneras de celebrar, de sacar sonrisas, de decir te amo sin un abrazo, sin un beso, pero el amor estaba ahí, siempre. Porque así fue como celebre cumpleaños y momentos especiales de las personas que amó, que tal vez por la lejanía no hubiera hecho en otro tiempo.

Y es que el amor es el que transforma fronteras, eso nos mostró el 2020. Hubo diferencias políticas, lágrimas, alegrías, sufrimiento, incertidumbre, preocupación, pero al final el amor nos salva, el tratar de entender al otro.

Gracias 2020 y Dios por todo lo que me enseñaste, por lo que nos enseñaste, porque todo hará parte de las semillas que sembraremos para seguir adelante y valorar la vida más que nunca. Espero que todos nos llevemos eso, que este 2020 no pase en vano, que seamos mejores personas, mejores hermanos, mejores amigos, mejores ciudadanos.

Doy gracias por mi familia, mi padre y mi hermana (y mi ángel en el cielo), porque me enseñaron bastante en este año. Siempre nos hemos amados, pero este 2020 nos unió tanto, valoro a cada uno de ustedes. A mis amigos, y hasta a los desconocidos que me enseñaron con su ejemplo. 

Este año me trajo muchas bendiciones en medio del caos y puedo decir que lo agradezco con el alma.

Oro por los miles que nos dejaron, porque son nuestros ángeles, y por aquellos que siguen luchando por salir adelante, nunca nos dejemos de ayudar los uno a los otros, porque eso también nos enseñó este 2020, que somos uno y nuestros comportamientos afectan al mundo.  

Gracias 2020 y bienvenido 2021, que nada nos detenga. ¡GRACIAS VIDA!

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